Desde Durero a Picasso, muchos han sido y son los creadores plásticos que se han dejado arrebatar por las artes de la plancha y del tórculo, del punzón y el ácido, ofreciéndonos prueba solidaria, visible y tal y táctil, de su genio. Uno de estos artistas es, sin duda, Alfonso Costa.
Nacido en Noia se traslada de muy joven a Barcelona donde desarrollará una fecunda trayectoria artística avalada por los innumerables premios y en la que los críticos han reconocido una inusitada creatividad, calificando su obra de original, brillante, comprometida y siempre sorprendente.